Pinturas rupestres nuevas en Askondo. Antiguedad 24 mil años



 Los expertos calculan que las obras descubiertas en el interior de la caverna datan de hace 24.000 años.

la mano de los primeros Homo sapiens está detrás del arte rupestre de la cueva de Askondo. Así se desprende al menos de los análisis realizados por un equipo de veinte expertos coordinados por los arqueólogos Diego Gárate y Joseba Ríos. Los estudiosos calculan que la quincena de pinturas y grabados hallados en el interior de la caverna podrían tener una antigüedad de 23.800 años. El informe, que saldrá a la luz a finales de mes en la revista de arqueología Kobia que edita la Diputación de Bizkaia, revela también el hallazgo de dos nuevos caballos y varios «trazos pareados no figurativos», además de nuevos niveles de ocupación entre la época Neandertal y la Edad de Bronce. Pese a que los estudios han concluido, Gárate no descarta la necesidad de emprender nuevas excavaciones para profundizar cronológicamente en los asentamientos humanos.
Más de 40.000 años. Esa es la fecha en la que se asentaron los primeros moradores de la cueva de Askondo en Mañaria, neandertales que encontraron en esta gruta ubicada en la reserva natural de Urkiola un refugio para hacer frente a las bajas temperaturas y los depredadores. Según la prueba del carbono y los sondeos realizados en varios cubículos de un metro cuadrado excavados en la gruta, las primeras ocupaciones humanas pertenecían al período Musteriense, en el Paleolítico Medio, y continuaron hasta la Edad de Bronce, hace 30.000 años. Es, sin embargo, a medio camino entre ambas, concretamente hace 23.800 años, en la época Gravetiense del Paleolítico Superior, donde se han datado los mayores descubrimientos.
Se trata de diez caballos, una mano en positivo -la primera encontrada en Euskadi-, varias series de trazos pareados no figurativos y el primer hueso calcificado de un animal «hincado» en la pared que se encuentra en el territorio histórico. Son figuras pintadas en rojo o grabadas, influenciadas por elementos artísticos del resto de la Península Ibérica y de Europa Occidental, que han permanecido ocultas al paso del tiempo, a salvo de la extracción de mármol que se realiza en los alrededores y de los furtivos que merodeaban por la galería desde que en 1963 se localizaron allí dos cráneos de oso.
A la docena de figuras descubiertas a principios del 2011 por los arqueólogos Diego Gárate, Joseba Ríos y Ander Ugarte durante una visita a la cueva, se han sumado alrededor de media decena más. La mayor sorpresa mientras ha durado el trabajo de campo, que concluyó en octubre del pasado año, ha sido el descubrimiento «bastante tardío» de nuevas figuras tan deterioradas que se habían pasado por alto, explicaba Diego Gárate. Dos caballos y diversos trazos de color rojo «muy apagado, casi muerto», junto al resto de pinturas que descansan en la parte más cercana a la entrada de la cueva, una zona que se derrumbó parcialmente por la actividad de la cantera próxima.
La primera mano en positivo
Es, precisamente, la exposición a la luz y el hollín de las hogueras la principal causa de deterioro de los murales ubicados en esa primera pared, donde se habían localizado tres caballos enteros -dos de ellos de más de metro y medio- pintados en rojo. Ese primer hallazgo también permitió identificar un caballo con curvatura en la zona de la boca que los expertos denominan «morro con forma de pico de pato» y que se observa en otros conjuntos localizados en Francia y el interior de la Península, y una cabeza de equino en rojo.
A diez metros de la entrada, aparecían los rasgos de un animal de dos metros y la primera mano en positivo de Bizkaia junto a dos trazos paralelos típicos de la zona cántabra. También decoraba el tramo un hueso de animal hincado en la pared a dos metros de altura, típico de cuevas del Pirineo y que los expertos relacionan con alguna actividad artística, además de puntos, manchas y una serie de grabados subverticales no figurativos.
Este conjunto de arte rupestre cantábrico, sitúa a Askondo en el podio de las cuevas de Bizkaia, en cuanto a arte parietal paleolítico se refiere, tras Santimamiñe y Arenaza. Además, se trata de una de las pocas oquedades de la cornisa cantábrica con pinturas rupestres ubicadas en el interior y no en la costa. «Parecía que en Euskadi había una densidad menor de cuevas decoradas y poco a poco se van descubriendo», matizó Gárate.

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