La deforestación del continente africano

Trabajadores en Odzala, Congo. El mercado del carbón provoca la tala de los mayores bosques del mundo. Eduardo S. Molano 16/09/2012  18.46 h 

Del tráfico de caucho marfileño a la exportación de carbón somalí, los bosques africanos se enfrentan a un expolio que amenaza la supervivencia de sus comunidades locales

El continente africano, convertido en un nuevo Amazonas. Aunque en el sentido peyorativo. Según un reciente informe de Global Witness, en los últimos dos años, una cuarta parte de la superficie total de Liberia ha sido adjudicada a empresas madereras (ligadas al gigante internacional Samling), mediante contratos de explotación que rozan la ilegalidad.
Para la organización, los denominados «Permisos de Uso Privado» (diseñados para permitir la tala controlada) son utilizados -sin embargo- por las empresas para evitar el pago a las comunidades locales por la explotación de sus terrenos, recibiendo éstas menos de 1% del valor total de la madera.
Por ello, a menos que esta crisis sea abordada de inmediato, los bosques del país podría sufrir una devastación generalizada y deshacer la frágil paz tejida en la última década.
Aunque el caso no es único. A pesar de contar (en la década de los 60) con cerca 16 millones de hectáreas de bosques, en la actualidad Costa de Marfil tan solo dispone de tres millones, debido al anárquico expolio de su territorio.
No en vano, grupos ambientalistas locales denuncian que la venta ilegal de caucho amenaza con convertir en «un desierto» el norte del Estado: «Mientras que un metro cúbico de caucho se vende por 330.000 francos marfileños (unos 660 dólares) en Abiyán, éste se revende a 700.000 francos (unos 1.400 dólares) en países como China», reconoce Jacob N'Zi, líder ecologista local.
Un caso similar al de Somalia. Eso sí, con el carbón como mercancía amoral.
Solo en 2011, la milicia islamista de Al Shabab generó -según fuentes gubernamentales- más de 25 millones de dólares (un incremento cercano al 50% con respecto al año anterior) gracias al monopolio con el que cuenta el grupo en la exportación del carbón vegetal que se dirige hacia los países del Consejo de Cooperación del Golfo y, sobre todo, la quema indiscriminada de árboles para su producción.
De igual forma, y pese a que en febrero pasado el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 2036 que impide la importación de carbón vegetal desde Somalia, a día de hoy, ésta continúa siendo la principal fuente de ingresos de la milicia. Sobre todo, gracias al “laissez-faire” de dos de los principales importadores de esta mercancía: Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí.

Hacia la hambruna

«En las dos últimas décadas, la producción de carbón y la destrucción de árboles se han intensificado en Somalia, conduciendo a nuestro pueblo a la hambruna», asegura el ambientalista local Hassan Daar.
El panorama, eso sí, viene de lejos. Ya en 2009, la organización «Rights and Resources Initiative» advertía de que los bosques de África estaban desapareciendo más rápido que en otras partes del mundo. ¿La causa? La falta de propiedad de la tierra.
En la actualidad solo un 1.4% de las áreas forestales de África están designadas para el uso por comunidades y grupos indígenas, y solo un 0.5% del área forestal en el continente es oficialmente propiedad de estos grupos.
Y si nadie posee la tierra, nadie la protege. Porque lo de la tierra, para el que la trabaje, parece ya cosa de utopías.
Fuente: Reuters

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